Los hongos no son estimulantes rápidos ni placebos fruto del marketing: funcionan a medio y largo plazo, tienen compuestos bioactivos muy específicos y requieren un enfoque un poco más ordenado que el típico “me tomo esto y a ver qué pasa”.
Muchos de estos fallos son fáciles de evitar, pero marcan la diferencia entre un suplemento que pasa desapercibido y uno que realmente aporta algo.
Si estás empezando en el mundo de los hongos medicinales te contamos qué podrías mejorar y cómo obtener un rendimiento más realista de los suplementos.
Sigue leyendo para conocer 7 errores al tomar suplementos de hongos
Evita estos errores al tomar suplementos de hongos
Te recomendamos una serie de pasos a seguir para asegurarte de estar comprando un hongo orgánico y de calidad:
1. Comprar hongos sin estandarizar
Uno de los errores más habituales. No todos los suplementos de hongos indican su concentración, y sin estandarización es casi imposible saber si hay suficiente cantidad de principios activos como beta–glucanos, triterpenos, erinacinas o cordicepina.
Las mejores marcas suelen especificar porcentaje, origen y método de extracción. Si solo pone “polvo de hongo”, puedes estar pagando más al marketing que al producto.
Aquí con más detalle qué debería indicar un suplemento bien formulado y cómo leer una etiqueta sin caer en trampas habituales.
2. Confundir micelio con cuerpo fructífero
Muchos suplementos económicos utilizan micelio cultivado en grano en lugar del cuerpo fructífero del hongo, que es donde se encuentra la mayoría de los compuestos bioactivos.
El micelio puede contener demasiado almidón y poca potencia real. Para objetivos como foco mental, energía, adaptación al estrés o inmunidad, conviene asegurarse de que el producto contiene carpóforo o cuerpo fructífero.
Si buscas una opción que cumpla estos criterios (cuerpo fructífero, extracción adecuada y transparencia), puedes ver nuestros suplementos de reishi, formulados pensando justo en estos puntos clave.

3. Mezclar demasiados hongos al mismo tiempo
La sinergia está bien, pero ir de primeras con un “stack de todo” (melena de león + reishi + cordyceps + chaga + shiitake, etc.) puede generar dos problemas:
- No sabes qué está funcionando y qué no
- Diluyes la dosis efectiva de cada uno ya que en una cápsula o una dosis no es posible incorporar la cantidad necesaria de cada hongo - sobretodo cuando se comercializan más de 3 hongos juntos.
Lo mejor es empezar con uno o dos hongos separados, observar durante varias semanas y luego ajustar. La micoterapia requiere criterio, no acumulación.
4. Esperar resultados rápidos
Como ocurre con muchos otros suplementos, como la creatina o el omega 3, los hongos funcionan a medio plazo. Sus efectos suelen ser acumulativos, especialmente cuando hablamos de claridad mental, memoria, inmunidad o gestión del estrés.
Las personas tienden a abandonar a los pocos días pensando que “no hacen nada”, cuando la mayoría de beneficios se aprecian entre las 4 y 12 semanas. La constancia es más importante que la inmediatez.
5. Tomarlos en el momento incorrecto
El timing también importa. Algunos hongos son más compatibles con la mañana (melena de león para foco), mientras que otros encajan mejor por la noche (reishi para descanso y estrés).
Tomarlos sin considerar el contexto puede reducir sensiblemente la experiencia. No se trata solo de qué tomas, sino cuándo lo tomas.
6. Asumir que son estimulantes
Los hongos medicinales no son cafeína, y compararlos suele generar frustración. No dan un “subidón” inmediato ni un pico artificial. Su efecto es más de flujo, claridad y serenidad, lo cual en sesiones largas (estudio, trabajo creativo, oposiciones, programación) suele ser mucho más útil. Pero si esperas la sensación de un pre–workout, vas por mal camino y puedes acabar decepcionado.
7. Esperar milagros sin contexto
Los hongos medicinales no compensan malos hábitos. Si hay poco sueño, mucho estrés, mala alimentación o nula organización, no existe hongo capaz de arreglarlo todo.
Funcionan mejor cuando se integran dentro de una rutina de bienestar o productividad realista. Si el contexto acompaña, el cambio se multiplica. Si no, se frena.
El mundo de los hongos medicinales está viviendo un momento fascinante: cada vez hay más interés, más estudios, más usuarios y más objetivos diferentes —desde mejorar la concentración y la memoria hasta gestionar el estrés, apoyar el sistema inmune o aumentar la energía diaria—.

Precisamente por eso, también proliferan los atajos, los mitos y los errores al tomar suplementos de hongos que hacen que mucha gente abandone antes de tiempo o piense que “no le funcionan”.
La realidad es que estos suplementos son una herramienta potente, pero requieren un enfoque más inteligente del que solemos aplicar a vitaminas rápidas o estimulantes. Aquí la clave no está en la inmediatez, sino en la constancia, el contexto y la calidad del producto.
Elegir bien el tipo de hongo, el formato, el momento del día y el objetivo concreto suele marcar una diferencia enorme.
Además, conviene entender que los hongos funcionan especialmente bien en sinergia con hábitos saludables: alimentación decente, descanso razonable, gestión del estrés y organización personal.
Si estás pensando en incorporar hongos medicinales a tu rutina, hazlo con criterio. Empieza por uno o dos, define para qué los quieres y dales el tiempo suficiente para que hagan su trabajo.